ARIADNA Y TESEO

Teseo (el que funda, en griego) era hijo de Egeo, rey de Atenas, o Poseidón, dios del mar y Etra. Cuando nació Teseo, éste fue alejado de Atenas a voluntad de su madre para que no le fuera arrebatado el trono por parte de los Palántidas, sobrinos que lo querían. Etra escondió su espada y sus sandalias bajo una roca que Teseo no pudo levantar hasta que fue suficientemente fuerte. Pasó su infancia junto a su madre y su abuelo en Trecén. Al cumplir los dieciséis años le fue revelada su paternidad y con esta edad, pudo levantar la piedra y regresar a Atenas para ser reconocido como hijo del rey. Cuando éste llegó, se encontró con un inconveniente: su padre se había casado con Medea y tuvieron un hijo Medo. En diversas ocasiones, Medea, hechicera, intentó terminar con la vida de Teseo, el futuro heredero del trono, para asegurar así que éste lo cogiera Medo. En una de éstas, se encontraban en una cena en palacio, donde Medea creía que podría poner fin a la vida de Teseo poniéndole un veneno en su copa. Su padre, Egeo, estuvo de acuerdo ya que ella le hizo creer que era un intruso; pero cuando Teseo sacó una espada para cortar la carne, la reconoció, era su espada; y le quitó la copa antes que tomara el brebaje que en ella se hallaba. Medea huyó con su hijo, y Teseo fue reconocido como sucesor del rey.

Ariadna (en griego la más pura) es la hija del rey Minos y Pasífae de Creta. Hay investigadores que creen que, debido a su asociación con el hilo y los giros, era una diosa de la tejedura. Otros creen que Ariadna es el epíteto tras el que se esconde una primitiva diosa de la fertilidad de Creta, para Homero y la mitología griega, los orígenes divinos de Ariadna se diluyeron. Y hay quienes creían que había dos Ariadnas: la esposa de Dioniso a la que mató Perseo y la princesa que se enamoró de Teseo y que habría nacido dos generaciones después. Fue especialmente adorada en Naxos, Delos, Chipre y Atenas. En la mitología romana, la diosa comparable es Libera y los poetas romanos la asociaban con la Ariadna greco-minoica. Su padre tenía en un laberinto al Minotauro, el hermano de Ariadna, a quien había que alimentar. El Minotauro era hijo de Pasífae, reina de Creta, y de un toro blanco que el dios Poseídon había enviado a Minos. Cuando éste se negó a sacrificar el animal, Poseidón hizo que Pasífae se enamorara de él y diera luz al Minotauro. Cuando el Minotauro nació, Minos ordenó al arquitecto Dédalo, que construyera un laberinto del cual fuera imposible salir sin ayuda, donde fue encerrado el Minotauro. El padre de Ariadna, Minos de Creta, después de ver como su hijo Androgeo moría a manos de los atenienses, les impuso un castigo: éstos tenían que entregar, cada nueve años, siete doncellas y siete jóvenes para alimentar al animal.  Los atenienses aceptaron con la condición de que si alguno de ellos conseguía entrar en el laberinto, matar al Minotauro y salir, habría salvado su vida y la de todos sus compañeros y Atenas sería liberada de tal castigo. La tercera vez que los atenienses debían pagar su tributo, Teseo, hijo de Egeo, rey de Atenas, se ofreció voluntariamente  para ir y matar así al minotauro. Las naves que viajaban con las víctimas siempre llevaban velas negras en señal de luto y el rey Egeo hizo prometer a su hijo que si volvía victorioso las cambiaría por unas blancas. Cuando Teseo y sus compañeros llegaron a Creta, fueron conducidos a una casa en las afueras de la ciudad donde debían permanecer bajo custodia hasta que llegara el momento. La prisión estaba rodeada por un gran jardín que se juntaba con el parque por donde las hijas de Minos, Ariadna y Fedra, solían pasear. Estando Teseo preso en Cnosos, un día un carcelero le dijo que en el parque había alguien que quería hablarle. Cuando llegó al parque, se encontró con la princesa Ariadna que se enamoró locamente de él y propuso a Teseo ayudarle a derrotar al Minotauro si éste, a cambio, se la llevaba de vuelta a Atenas y se casaba con ella. Ariadna, ya que sabía que el Minotauro vivía en un laberinto, del que se decía que no se podía salir, dio a Teseo un ovillo de hilo y una espada mágica. El ovillo era para que éste lo atara a la puerta del laberinto, y lo fuera soltando a lo largo del camino para que así, una vez muerto el Minotauro, Teseo pudiera salir del laberinto y reunirse con Ariadna. Hay otra versión que dice que Ariadna le dio una corona que emitía un resplandor. Teseo entró así en el laberinto, mató al Minotauro a puñaladas y pudo salir de éste para reunirse con los atenienses y su futura esposa. Según Homero, aunque huyeron juntos, «no pudo lograrla, porque Artemisa la mató en Día, situada en medio de las olas, por la acusación de Dinoniso» (Odisea XI.324). Cuando Minos supo que Teseo había matado al Minotauro y pretendía huir con sus dos hijas, se irritó, lo que apresuró la huida de Teseo; destruyendo a su paso las galeras cretenses para que no los persiguieran. Mientras regresaban a la tierra de Teseo, éste hizo una escala en la isla de Naxos, o Día según la fuente, donde la abandonó. Hay versiones, como la de Hesíodo, que dicen que la abandonó mientras dormía, que la abandonó por orden de los dioses para que ésta se casara con Dioniso, que mientras Ariadna se recuperaba de un mareo él regresó al barco y una inesperada racha de viento hico zarpar de golpe la galera o porque Teseo se enamoró de otra dama. Cuando la galera llegaba a Atenas Egeo, desde el punto más alto, vio las velas que eran negras ya que Teseo olvidó cambiarlas, con lo que su padre se suicidó lanzándose al mar, el que desde ese momento fue llamado mar Egeo.  Teseo heredó así el trono de Atenas y años después se casó con una hermana de Ariadna, Fedra. Ariadna, por su parte, no se quedó atrás y olvidó a Teseo juntándose con el dios Dionisio, quien estaba profundamente enamorado de ella. Se casaron y fue llevada al Olimpo, como regalo de bodas recibió una diadema de oro que hizo Hefesto y que, más tarde, se convirtió en constelación. La muerte de Ariadna no está clara, pues hay diversas versiones; hay quienes dicen que Artemis la mató bajo órdenes de Dionisio y quienes dicen que murió en la isla de Naxos.

En esta imagen, se puede observar como Teseo arrastra por el laberinto al Minotauro, ya muerto.

 

 

 

 

 

 

En esta imagen, se puede observar un retrato de Ariadna, según John Vanderlyn:

 

 

 

 

 

Aquí abajo podemos encontrar un poema, publicado en Los Ángeles, en 1997, en el que habla Ariadna desde su abandono en la isla de Naxos.

Ariadna

Abandonada estoy, abandonada
por el amante al que ofrecí mi vida;
en mi sueño partió, sin despedida,
llevándose mi ensueño a la alborada.

Vino hacia mí con alma desolada
en laberinto de dolor perdida,
y halló con mi asistencia la salida,
tras matar a su monstruo con mi espada.

En todos hay un Minotauro fiero
que en el dédalo interno nos oprime
y que exige la audacia de un Teseo.

Pero no habrá victoria del guerrero
sin la Ariadna que besa y que redime,
…y que será olvidada tras su empleo.

Y, por último, una carta que escribió Ariadna a Teseo:

Mi estimado Teseo.
Soy Ariadna.

Aquella muchacha hija del rey de Creta, no sé si recuerdas, esa que te salvó de ser devorado por el minotauro y, a tu pueblo de pagar el tributo en donceles y doncellas. Aquella del talle fino y las piernas largas, la de las trenzas castañas que gustabas enredar entre tus dedos.

Esa que abandonaste a su suerte en las playas de Naxos, aprovechando que dormía para huir con sigilo.

Te escribo, Teseo, porque es de amigos la gratitud y, en todos estos años, no pude expresarte mi reconocimiento a tu abandono. Pero ahora, ante tanto comentario funesto sobre ti, ante ese estallido de risas en las tabernas llamándote antihéroe, me di cuenta de los años transcurridos.

Sé que estarás viejo rey de Atenas, que tus espaldas se curvarán, tu piel colgará flácida, tu cabello -si lo conservas- cano, tus deseos apagados y preparándote para cruzar las aguas del Estigia. Como comprenderás debía apresurarme.

Tantas calamidades se cuentan sobre ti… Dicen que no mataste al Minotauro. ¿Cómo es posible, si además del ovillo para que remontaras el laberinto, te di la espada mágica capaz de vencerlo.

Tanto me inquietan los rumores que consulté con las diosas, aunque podría haber encontrado las respuestas por mi misma.

Podría, porque desde el momento aquél en que me abandonaste, me volví inmortal. Si me vieras, me reconocerías en el acto, Teseo. Nada he cambiado, mi piel aún es una magnolia.

A propósito ¿Cómo se encuentra Fedra, mi querida hermanita, esa que te arrancó de mi lecho para llevarte al suyo? Me han dicho que lleva la cabeza cubierta por paños negros, que algo la avergüenza. Y que no es sólo el haber enamorado a tu hijo Hipólito, sino algo relacionado con su madre. ¿De verdad es obra suya la muerte de Hipólita?

Vaya destino el tuyo Teseo… ¡ Qué penoso! Cuánto lo siento. Pudo ser sereno y armonioso… pero me abandonaste en Naxos. Son las cosas de la Vida.

Hoy, bebiendo ambrosía de la copa de mi amado, me volvió el recuerdo de aquella mañana en que entró al puerto la embarcación de las velas negras, con su carga de atenienses reclamada para el sacrificio.

Te vimos bajar, Fedra y yo temblamos; sobresalías entre todos. Tan guapo con tus muslos firmes, la espalda ancha, los pectorales de bronce y esa cabeza que parecía ornada de virtudes.

¡Cómo engañan las apariencias, Teseo!

Una sirvienta nos dijo que eras el hijo del rey de Atenas, llorábamos por tí, se acercaba el día en que entrarías al laberinto. No abandonabas mis pensamientos, ni de los de Fedra. ¡Mosquita muerta! Con razón no quiso permanecer en Creta aunque para ella no habría habido castigo. Y yo que me creí esa historia de que no abandonaría a su hermana mayor. ¡Hipócrita!

Para salvarte, compré al carcelero con el oro que adornaba mis trenzas y entregándote el ovillo y la espada te enseñé como usarlos. En señal de gratitud tomaste mis manos.

- Tendrás que llevarme contigo, Teseo, porque la ayuda que te doy me condena a muerte. Los tuyos mataron a mi hermano, mi padre no perdonará esta traición.-

Juraste por los dioses, por el honor de tu padre y el resultado de tu empresa, que nunca me abandonarías.

Yo te creí, ¿Cómo no iba a hacerlo si tus ojos miraban a los míos y derramaban tiernas lágrimas? Después supe que el polen de las flores cretenses afectaba tu vista.

Me hiciste tuya en la noche de navegación. Te urgía conocerme, yo me entregué enamorada. Eran tan hermosos tus cabellos negros, tan apretado tu abrazo, tan resplandecientes tus palabras como azules los mares que atravesábamos.

Quedé rendida por los efectos del amor. Cuando nos detuvimos en Naxos, me recosté sobre la arena, apoyé la cabeza en mi brazo y me dormí profundamente.

Al despertar, tus naves estaban lejos, tan lejos que no oíste mis pedidos de auxilio.
Aún estaba en lo mejor de mi rabieta, cuando escuché una música deliciosa. Una procesión como jamás había visto avanzaba bulluciosa. Bellísimos jóvenes danzaban alrededor de un carro de oro, arrancando melodías maravillosas a los címbalos y las flautas. Las risas interrumpían la música y los danzantes hacían cabriolas.

Pero en el carro, ¡Ay… Teseo!, en ese carro viajaba el hombre más bello que ojos hayan visto. Y los suyos me descubrieron.

Descendió, se acercó a mí y, a pesar de mis párpados hinchados, de mi piel roja por la ira, acarició mi cabeza y exclamó que era más hermosa que Venus, pidió una copa de vino, y tendiéndomela me ofreció:

-Sé mi esposa, te volveré inmortal.-

No hay varón más perfecto que Dioniso. Amado como es por dioses y mortales nos rodea la alegría, la pasión y, los placeres.

Para evitarme la nostalgia, preparó un largísimo viaje por las ciudades de los hombres. Luego, ya instalados en la morada inmortal, nos dimos el uno al otro cuatro hijos, dignos de su cuna. Hemos sido tan felices, que en reconocimiento a nuestro amor, Dionisio, ha convertido la diadema que me obsequiara el día de nuestra boda en una constelación, para que siempre recuerde nuestra unión.

Es por esto Teseo, deseaba agradecerte, que aquél día me abandonaras en Naxos.

Tuya

Ariadna

Bibliografía

http://es.wikipedia.org/wiki/Ariadna                                                       http://es.wikipedia.org/wiki/Teseo                                                          http://sobreleyendas.com/2008/06/19/teseo-y-ariadna-despues-del-minotauro/ http://teseoyelminotauro.blogspot.com/                                           http://www.solonosotras.com/archivo/15/cult-mitol-200801.htm     http://www.luventicus.org/articulos/03N007/texto4.html  http://www.poesiadelmomento.com/luminarias/mitos/49.html http://lacostillaincomoda.blogspot.com/2009/03/carta-de-ariadna-teseo.html

 Mariona Folguera Blasco

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2 pensamientos en “ARIADNA Y TESEO

  1. Ariadna y Teseo constituyen un eslabón de una cadena mítica muy importante, en la que destacan por su continuidad y pervivencia en la historia literaria y artística en general (cine y música incluidos) el laberinto y el minotauro, dos símbolos de enorme potencia y múltiples significados. En la prosa del siglo XX, destacaría los cuentos que Jorge Luis Borges, un auténtico obseso de los laberintos, y Julio Cortázar dedicaron a contemplar el mito desde otros puntos de vista: la mirada del monstruo, el laberinto interior, etc.
    En la poesía de la época que estamos trabajando en clase tenemos un ejemplo de Juan de Arguijo (1567-1623), quien en la transición entre el renacimiento y el barroco dedicó numerosos versos a episodios mitológicos. He aquí el soneto titulado “Lamento de Ariadna”, que se fija en el momento en que ésta es abandonada por Teseo (como lo fue Dido por Eneas):

    “¿A quién me quejaré del cruel engaño,
    árboles mudos, en mi triste duelo,
    sordo mar, tierra extraña, nuevo cielo,
    fingido amor, costoso desengaño?

    Huyó el pérfido autor de tanto daño
    y quedé sola en peregrino suelo
    do no espero a mis lágrimas consuelo,
    que no permite alivio mal tamaño.

    Dioses, si entre vosotros hizo alguno
    de un desamor ingrato amarga prueba
    vengadme, os ruego, del traidor Teseo.”

    Tal se queja Ariadna en importuno
    lamento al cielo y entretanto lleva
    el mar su llanto, el viento su deseo.

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