FAETÓN

En la mitología griega Faetón era hijo de Helios y de Clímene, esposa de Mérope. Y con este mito intentaban explicar la razón de existencia de los polos, los desiertos, y por qué los africanos tienen la piel más oscura.
La alternativa que existe es que Faetón es hijo de Eos y Céfalo, que fue robado por Afrodita para convertirlo en un Daimon, guardián nocturno los santuarios más sagrados de Afrodita. Fue padre con Afrodita de Astino.
Faetón presumía ante sus amigos de que su padre era el Dios Sol. Éstos no le creían y Faetón terminó acudiendo a su padre Helios, quien juró darle lo que pidiera. Faetón quiso conducir su carruaje (el sol) un día. Aunque Helios intentó quitarle esa idea de la cabeza, Faetón no cambió de opinión.
Cuando llegó el día, Faetón se dejó llevar por el pánico y la emoción, y perdió el control de los caballos que tiraban del carro. Primero giró demasiado alto, de forma que la tierra se enfrió. Luego bajó demasiado, y la vegetación se secó y la quemó. Faetón convirtió accidentalmente en desierto la mayor parte de África, quemando la piel de los africanos hasta volverla negra.
Finalmente, Zeus fue obligado a intervenir golpeando el carro desbocado con un rayo para pararlo, y Faetón se ahogó en el río Erídano (el actual río Po).
Su amigo Cicno se apenó tanto que los dioses lo convirtieron en cisne. Sus hermanas, las Helíades, también se apenaron y fueron transformadas en álamos, según Virgilio, convirtiendo sus lágrimas en ámbar.
Éste es un cuadro de Sebastiano Ricci, un artista veneciano nacido en el siglo XVII:

 

 

 

He escogido este cuadro porque me parece muy realista. Me encanta cómo el autor ha pintado las sombras y los diferentes colores. También lo he escogido porque creo que sale lo más importante del mito, el trágico desenlace.

 

Además he encontrado un fragmento de una obra de teatro escrita por Lope de Vega, llamada El secretario de sí mismo que hace alusión al mito de Faetón, cuando Feduardo, enamorado de la hija del Duque de Mantua, reflexiona en un soliloquio:

No pidas para sólo despeñarte
el carro de oro al sol que ya el abismo
del mar sus ondas abre a sepultarte.
No puede haber más ciego barbarismo
que llamándose el Duque de mi nombre
imagine que soy el Duque mismo
(Acto II)

Estas referencias tienen más extensa continuación a lo largo de todo El perro del hortelano, pero se trata de una obra de teatro completa.

Xènia Lorente

Un pensamiento en “FAETÓN

  1. Lope de Vega:

    Salió Faetón y amaneció el Oriente
    vertiendo flores, perlas y tesoro,
    pasó por alto del mar indio al moro
    turbado de su luz resplandeciente.

    Las montañas de nubes, al poniente,
    iban subiendo, y de la Libra al Toro,
    cuando cayó, sembrando el carro de oro,
    del Erídano claro en la corriente.

    Recibióle llorando la ribera,
    de su temeridad castigo justo:
    que tan alto subir, tan bajo para.

    Pero mísero dél, ¿dónde cayera,
    si con freno de fuerza, y no de gusto,
    la voluntad de una mujer guiara?

    Juan de Arguijo:

    Pudo quitarte el nuevo atrevimiento,
    bello hijo del Sol, la dulce vida;
    la memoria no pudo, qu’extendida
    dejó la fama de tan alto intento.

    Glorioso aunque infelice pensamiento
    desculpó la carrera mal regida;
    y del paterno carro la caída
    subió tu nombre a más ilustre asiento.

    En tal demanda al mundo aseguraste
    que de Apolo eras hijo, pues pudiste
    alcanzar dél la empresa a que aspiraste.

    Término ponga a su lamento triste
    Climente, si la gloria ganaste
    excede al bien que por osar perdiste

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