HERO Y LEANDRO

Hero era una sacerdotisa de Afrodita, vivía en una torre en Sestos que tenía lugar en Helesponto (actual estrecho de los Dardanelos, entre Europa y Asia). Heros estaba cortejada por Apolo y Eros. Leandro vivía en el otro extremo del estrecho, en Abidos. Se enamoró perdidamente de Hero (al igual que ella)  cuando fue a llevar unas ofrendas al recinto sagrado. Como que sus padres se oponían a la relación, decidieron verse secretamente. Leandro cruzaba cada noche el Helesponto a nado para ver a su amada, guiado por una luz que esta encendía en lo alto de la torre. Así mantuvieron un largo romance. Leandro desafiaba continuamente la muerte en las fuertes olas del mar, animado por la recompensa de ver a Hero. Hasta que una noche invernal de fuertes y notables tormentas el viento apagó la luz que guiaba en el camino a Leandro. Este tras varios intentos fallidos de llegar donde se encontraba su amada, perdió el camino y murió ahogado. La mañana siguiente  la marea transportó a Leandro a las orillas de la playa. Hero, al verlo tendido en el suelo y sin respirar, se suicidó arrojándose al mar.

Francisco de Quevedo compuso un poema que nos habla del romance que mantuvieron los dos jóvenes, Hero y Leandro. Es el siguiente:

HERO Y LEANDRO

Esforzóse pobre luz
A contrahacer el Norte,
A ser piloto el deseo,
A ser farol una torre.

Atrevióse a ser Aurora
Una boca a media noche,
A ser bajel un amante,
Y dos ojos a ser Soles.

Embarcó todas sus llamas
El Amor en este joven,
Y caravana de fuego,
Navegó Reinos Salobres.

Nuevo prodigio del Mar
Le admiraron los Tritones;
Con centellas, y no escamas,
El agua le desconoce.

Ya el Mar le encubre enojado,
Ya piadoso le socorre,
Cuna de Venus le mece,
Reino sin piedad le esconde.

Pretensión de mariposa
Le descaminan los Dioses:
Intentos de Salamandra
Permiten que se malogren.

Si llora, crece su muerte,
Que aun no le dejan que llore;
Si ella suspira, le aumenta
Vientos que le descomponen.

Armó el estrecho de Abido,
Juntaron vientos feroces
Contra una vida sin alma
Un ejército de montes:

Indigna hazaña del Golfo,
Siendo amenaza del Orbe,
Juntarse con un Cuidado
Para contrastar un hombre.

Entre la luz y la muerte
La vista dudosa pone;
Grandes Volcanes suspira
Y mucho piélago sorbe.

Pasó el mar en un gemido
Aquel espíritu noble:
Ofensa le hizo Neptuno,
Estrella le hizo Jove,

De los bramidos del Ponto
Hero formaba razones,
Descifrando de la orilla
La confusión en sus voces.

Murió sin saber su muerte,
Y expiraron tan conformes,
Que el verle muerto añadió
La ceremonia del golpe.

De piedad murió la luz,
Leandro murió de amores,
Hero murió de Leandro,
Y Amor de envidia murióse.

Francisco de Quevedo y Villegas

Inés Navarro

Un pensamiento en “HERO Y LEANDRO

  1. El soneto que comentamos en clase de Garcilaso de la Vega sobre los trágicos amores de Hero y Leadro:

    SONETO XXIX
    Pasando el mar Leandro el animoso,
    en amoroso fuego todo ardiendo,
    esforzó el viento, y fuese embraveciendo
    el agua con um ímpetu furioso.

    Vencido del trabajo presuroso,
    contrastar a las ondas no pudiendo,
    y más del bien que allí perdía muriendo
    que de su propia vida congojoso,

    como pudo esforzó su voz cansada
    ya las ondas habló desta manera,
    mas nunca fue su voz dellas oída:

    «Ondas, pues no se excusa que yo muera,
    dejad me allá llegar, ya la tornada
    vuestro furor esecutá en mi vida»

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